jueves, 13 de octubre de 2011

Vuelta a casa, DEFINITIVA

Llevo más de 50 días en España, y aún parece que no es así. Todavía no me acostumbro a estar a 30ºC y a entender todas las conversaciones que transcurren en el autobús o metro. Y las entiendo todas porque aunque Madrid está lleno de turistas/estudiantes de intercambio, ya entiendo varios idiomas (aunque sea de forma encriptada) después del año que he pasado 'allí'.
Definición del término 'allí'. El país en el que he residido durante un año menos 20 días. (Porque fue un año EXACTO, por si no lo sabiáis). Lo denomino así porque desde que he llegado, no me he referido a Islandia por su  nombre, siempre ha sido eso, 'allí'. ¿Por qué? No lo sé. Puede que sea por pena, puede que sea por dolor. También puede ser porque visto desde otra perspectiva, aquí no se está tan mal, y ¿para que ponerse melancólicos a estas alturas? De todas formas, eso es lo que importa, los recuerdos que conservamos, y los reencuentros que nos esperan en los que también rememoraremos y reviviremos. Echo de menos a la gente, pero sé también que el hecho de extrañarlos representa que forman parte de mi vida, y es lo que de verdad me hace feliz; que sus caminos se hayan cruzado con el mío.
Os parecerá gracioso, pero el día de mi "despedida" fuimos a Bárbara. Y ya conocéis ese local de publicaciones anteriores. Al sitio ya acudieron estudiantes de intercambio recién llegados, y os puedo asegurar que en sus caras nos veía a nosotros mismos. Literal y metafóricamente. Traían la misma ilusión y el mismo miedo a lo desconocido. Traían aire fresco y las ganas que traímos nosotros. Pero es que, además, traían el estilo y la apariencia que nosotros llevamos,y os lo digo de verdad. Chico de ropa ancha, ojos claros, pelo corto y rasta... que quizás minutos después habló con la chica rubita y delgadita que había al lado suyo en la barra. Quizás la chica del pelo negro y corte recto, con estilo de vestir muy personal, se decidiera a dirigir la palabra al chico interesante que se paseaba por allí, o la chica de pelo rizado y largo se decidiera a unirse a ella a la hora de ponerse a tejer mientras toman café.Y no lo digo en sentido figurado: esos casos que suplían nuestros sitios e historias, los vi yo, allí, en Bárbara, siendo nosotros un año más tarde.

Recuerdo que, la última semana, todo era un conflicto de sentimientos: ganas locas de salir de aquella casa de desquiciados; ganas locas de quedarme y seguir donde había sido y era tan feliz; tristeza por marcharme y que se quedara todo atrás; alegría por volver a encontrarme con lo que me había visto irme dos veces en 12 meses; tristeza y miedo por no saber lo que me iba a encontrar al volver a casa...

La vuelta a casa fue acogedora. No quería volver a meterme en Talavera de la Reina (también conocida como Talabirria, Talamierda, Talavera de la Mierda) porque sabía que me iba a morir un poco de asco, y así fue bastante tiempo. Pero la misma noche del día 27 me reuní con TODAS mis amigas para celebrar un cumpleaños.
Claro que me daba muchísima pena volverme, por supuesto que he dejado allí cosas que valen muchísimo: recuerdos, paseos, calles, lugares, gente... Pero aquí también lo había dejado un año antes. Y a pesar de que no me acompañó mucho el ánimo durante el mes de septiembre, me sentía bien por estar en casa. Por ver a mis amigas, a mi familia, por no sentirme culpable de NO hacer NADA. Por tomarme un descanso, por caminar por calles mil veces recorridas, y por ir a sitios anteriormente frecuentados...y  no.
Porque después de un año, todo sigue igual, o eso pensé yo. Pero no es así. La gente ha cambiado, la ciudad ha cambiado, YO he cambiado. Los garitos recurridos, la gente con la que te juntas, la que conoces... En esencia, es lo mismo, pero hay algo nuevo. Y eso es lo que me ha hecho sentir bien.

Sin embargo, lo que más feliz me hizo fue venir a Madrid, ¡¡¡POR FIN!!! Madrid, aquí me tienes. Aquí estoy, para conocerte más y mejor, para de verdad sentirme como en casa; para volver a ver caras que antes de irme, no significaban nada, y ahora son mucho. Y, sobre todo, por quiénes significaban mucho un año atrás y ahora siguen ahí, y siempre lo han estado, incluso en la distancia.

Y porque ahora, de vuelta a casa, es lo que importa: que un año no ha dañado las cosas que más me importaban y ha conseguido hacer desaparecer los demonios que más daño me hacían.
La distancia no daña lo que te hace feliz ni lo que tiene valor para tí si cuidas de ello, y eso os lo aseguro ya desde aquí.

¡Y quién sabe si podré volver a asegurarlo otra vez desde allí!