lunes, 20 de septiembre de 2010

Jornadas Gastronómicas Islandesas

Empezaré por adelantaros que aquí en Islandia se come un poco mal. Bueno, no es que se coma mal, y menos si depende de tí hacer la comida, porque puedes decidir el qué y cómo comértelo, pero no es que esté todo muy bueno. Aún así, no paso hambre, por mucho que digáis.
Sin embargo, hay ciertos platos típicos (bastante peculiares) que tenía que probar, y prefería hacerlo ahora con pocos días, ya que no había oído muchas opiniones, para que no influyeran en mi decisión.

El sábado tenía intención de ir un café tranquilamente con Bárbara, pero al final el plan no cuajó, y no me quedaban muchas más opciones, pero mi compañera de casa Malin preguntó en facebook que quién quería salir por la noche, y yo contesté que quería salir. Propuso ir al Islandic Barínn creo que se llama, que está en Downtown a comer Hákarl, que viene siendo carne de tiburón fermentada (si pincháis en la palabra subrayada, vais a wikipedia que os lo explica mejor). Yo acepté y allí fuimos.
La camarera que nos atendió era muy maja, y cuando nos preguntó que queríamos, se quedó un poco sorprendida porque no se esperaba que fuéramos a comer eso, nos dijo que éramos muy valientes. Nosotras nos preocupamos un poco, porque intentó asustarnos diciendo que sabe un poco a amoniaco, que huele mucho, que se fermenta bajo el suelo... Pero aún así seguimos convencidas de querer probarlo. Nos trajo un tarrito de cristal con dos cositas blancas dentro como dos terrones de azúcar , dos palillos y dos chupitos de 3cl. de Brennivín. El Brennivín es una bebida típica de aquí, podéis pinchar también para ir a la wikipedia directamente. Esos "terrones de azúcar" resultaron ser los trozos de tiburón que íbamos a comer.
Cuándo abrimos el bote, sin nisiquiera levantar la tapa, ya salió una peste que tumbaba, así que lo hicimos como cuando te tomas las medicinas de niño: tapándonos la nariz y rápidamente. Lo peor de ello no era el sabor, era la textura, que era como masticar corcho, pero se puede comer. Lo que sí que creo que fue peor es el trago al Brennivín de después, porque quema la garganta un montón. Será que estoy ya desacostumbrándome a la ingesta de alcohol...
Después la camarera nos preguntó que qué tal la experiencia y estuvimos ahí comentándolo un poco, y como yo tenía mucho hambre, me pedí una hamburguesa y allí estuvimos haciendo tiempo. Mi compañera propuso ir a Oliver's, ya que había 3x1 en cócteles (aún así, con esa oferta viene a costar cada uno lo mismo que en España, porque eran 1700kr, unos 14€, que dividido entre 3...ya sabéis) y esa es una oferta muy tentadora. Pedimos una piña colada y dos Sex on the beach cada una, nos sentamos en una mesa y estuvimos hablando, riendo, la música era genial... Y cuando solo nos quedaba un vaso a cada una, fuimos a la pista a bailar. Que grande ese sitio, sin ninguna duda es mi favorito de todos, con la música que me gusta a mí, con buenos precios, buen ambiente... Pero por cambiar, nos fuimos de allí y fuimos al Eleven. Allí si que se estaba bien, era música rock, TEMAZOS en realidad, de esos que me emocionan... Jajaja. Con deciros que sonó SWEET CHILD O' MINE... :D Pero luego empezó a cambiar el estilo de música, un poco más desconocida, y quisimos cambiar de sitio. Nos pateamos algunos, pero ninguno convincente, entramos en Bakkus y estaba el chico aquel de la fiesta del semáforo. Así que ya sé por donde se mueve, por el Venue y por el Bakkus, aunque ya no me interese.
Como no nos convencía nada, fuimos a Oliver's de nuevo y otra vez genial, solo que a esas alturas de la noche los islandeses e islandesas van muy borrachos y es imposible bailar, se piensan que todo el hueco es suyo,y empiezas a sentirte como una bola de pinball, de un lado a otro a base de empujones. Cuando nos cansamos de luchar por un espacio vital básico, nos fuimos a casa.

Ayer tuvimos cena de domingo, la que hemos estipulado para todas las semanas en mi albergue para cenar los 4 compañeros juntos, y compramos carne de ballena. Al principio daba un poco de mal rollo, parecía hígado, y daba mucho asco, y luego según iba cocinándose, también iba adquiriendo ese color característico del hígado al freírlo y eso... Pero lo probamos y no estaba tampoco tan mal. No es una comida que comería todos los días, pero si no hay otro remedio, me lo como.
Lo único que sentía eran remordimientos de conciencia porque me daba pena la ballena, porque están en peligro de extinción y porque quién sabe si era una Mamá Ballena que había dejado huérfanos a sus bebés cetáceos y nos la estábamos comiendo nosotros... Creo que no comeré ballena nunca más al igual que no como pato, me dan penita.

Conclusión: os recomiendo que probéis ambos platos si pasáis por aquí, aunque sea solo por decir que lo habéis probado, no está tan malo, se puede comer, y es una experiencia. ¿Dónde más váis a comer tiburón y ballena?
Así que, ¡buen provecho!

3 comentarios:

  1. al igual que el pato hace : quack gggg ñam!!
    la ballena hace: balleniiiitaaa (visualizas a dori?) gggggg ggggg (más agudo que el pato) ÑAM! (este es más grande xq la ballena es más grande, ya tú sabes) :D

    ResponderEliminar
  2. ya no hay nada que hacer, me quedé así :D

    ResponderEliminar