viernes, 5 de agosto de 2011

Snæfellsnes (o "montaña nevada")

(Antes o después tendréis que decirme cómo escribir con el alfabeto islandés en mi ordenador sin tener que recurrir al "google translator" y su opción de teclado con ratón esa que tiene. Probablemente esa persona sea Manuel).

¡Buenas noches, gente! Aquí estoy de vuelta, y esta vez para hablaros de un viajecito. Porque además de vida social, como os conté, también viajo. Bueno, no usemos el presente simple del modo indicativo, porque eso mostraría frecuencia y no es así, así que me limitaré a decir que "he viajado" un día, este verano. SOLA. Y no fue por voluntad propia. Era una semana en la que todavía no había tenido el día libre, y el jueves hubo una conversación entre mi jefa y yo:
Jefa.- Te voy a dar el sábado, ¿por qué no lo usas para hacer alguna excursión con Iceland Excursions
Yo.-  Bueno, es que...
Jefa.- ¡Mira! Puedes ir a Landmannalaugar, venga, voy a mirar el tiempo. Vaya, va a llover...
Yo.- ¡Bueno, pues mejor otro día, eh!
Jefa.- Bueno, puedes ir a Snæfellsnes. Ah, no, no hay excursión el sábado. ¡Pero mañana sí! ¿No has estado allí?
Yo.- No..
Jefa.- Pues voy a llamar. Te recogen mañana a las 8.
Yo.- Vale...

Así para allá que me fui al día siguiente, a las 8 de la mañana, con todo el madrugón. De día era, claro, desde las 4 de la "noche" por lo menos, pero aún así sientes el peso de despertarte temprano. Así que me recogieron y para no faltar a mi tradición, en el primer tramo del viaje una vez salimos de Reykjavík, me eché una cabezada. Ni qué decir tiene que si hubiese tenido a alguien con quién charlar... bah, a quién quiero engañar, lo hubiese hecho igual. Mis amigas saben que cuando se quedan a dormir (después de la pelea de almohadas en ropa interior y todo eso) nos vamos a dormir y empiezan a hablarme, pero al final se termina convirtiendo en un monólogo con ellas mismas porque yo me duermo plácidamente =D  Pero igualmente, eché de menos la compañía, porque ir en una excursión de 11h y no tener a nadie con quién hablar era un coñazo, pero estuvo bonito. Os cuento:

El día era precioso, hacía un sol espléndido y el viento soplaba de forma justa para no pasar calor pero que no se hiciera insoportable. Primero hicimos una parada en Holt para dejar a los que iban a coger un ferry desde Stykkishólmur para ir a la isla de Flatey.
Yo no era una de esas.












Había algunos que me daban mucha envidia, se les veía que llevaban una vida muuuuy dura...
Os juro que no estaba muerto, lo vi respirar. 
Después seguimos la carretera que pasa junto al glaciar Snæfellsjökull y que atraviesa el parque nacional, hasta una playa que no sé cómo se llama. Me encantó este sitio porque era muy tranquilo, y me pareció encantador estar en una playa con un glaciar a la vista...
Snæfellsnesjökull: si achináis un poco los ojos, lo veréis allí al fondo.



(Podría poner una foto en la que salgo yo con el glaciar de fondo, pero no quiero robarle protagonismo al personaje principal de esta publicación).










 En esta playa había un grupito de focas muy monas, que estaban ahí tiradas (también viviendo una vida durísima, no os lo podéis ni creer) y nos miraban como si nosotros fuéramos el centro de atención del espectáculo. Posiblemente, para ellas lo fuéramos...
Respecto a esta foto diré que cuando mi amiga Vero la vio, me dijo: "Amiga, ¿y quién te tomaba la foto?". Para que veáis con qué tipo de gente voy a compartir piso...

Después de esta paradita tan gratificante (no, nos bañamos, pero tampoco apetecía mucho) seguimos nuestro trayecto hasta Arnarstapi y allí nos tiraron para que caminásemos una ruta de 2,5km hasta Hellnar cerca del borde de un acantilado. Yo lo de andar por andar siempre lo he llevado muy mal, y más aún si es sin compañía, porque a pesar de que había más gente en el grupo de viaje, no me apetecía entablar una conversación con un desconocido mientras intentaba disfrutar del lugar, pero accedí y...mereció la pena. MUCHÍSIMO. Os dejo algunas muestras (no muchas, que tampoco quiero daros tanta envidia):
Snaefellsjökull


¡Fin del trayecto!

  
Me vais a decir que no os encantaría vivir en esa casita...

Aquí ya almorzamos y seguimos la carretera que bordea el fiordo donde nos encontrábamos (Breiðafjörður) e hicimos un par de paradas más, la última en el interior de un cráter, que estaba abierto por un lateral, y otra de ellas en otra playa en la que también teníamos que caminar un poco para llegar al punto de interés y dónde hace muchos años atracaban los botes pesqueros. (Si es que los botes atracan, que yo soy de secano y entiendo de tecnicismos del mundo marítimo).

Así que volvimos a Stykkishólmur a recoger a los que habían ido a Flatey y luego de vuelta a Reykjavík, en lo que tardamos bastante y llegué a casa medio muerta.
Os dejo un mapita para que sigáis un poquito la ruta que hicimos.

Con esto y nada más, ¡hasta mañana!



P.D: Como ví que la publicación de las skinkas infundó interés, os comento la morfología del término:
-skinka significa jamón, por lo que a las skinkas, si lo traducimos literalmente, podríamos llamarlas "jamonas", que en realidad es mucho más gracioso que "choni". Ricardo tiene una teoría sobre esto, ya que el jamón es rosadito y ellas también, hasta que se echan todo el pote. Pero todavía está por demostrar, así que llamémoslo hipótesis.



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